Increíblemente ganó el NO! a la Reforma Constitucional. Todavía ni me lo creo, es muy bueno para ser verdad. Lo digo no porque no fuésemos mayoría, sino porque el CNE y nuestro "querido" presidente lo aceptaron y lo hicieron público de manera sorprendente.
En vísperas de elecciones para consultar el si o el no para la reforma constitucional, nos encontramos en una ambiente de marchas, protestas y mucha tensión. Ayer justamente contábamos que estamos viviendo en una dictadura camuflada, donde tienes el dinero pero no puedes comprar lo que tu quieres porque simplemente no hay. Hay escasez de productos tan elementales como la leche (en todas sus presentaciones), los huevos o el papel toilet, y me da mucha rabia que aún así el gobierno diga que todo está bien. Ayer fui al supermercado y ya todo subió de precio, estoy más que preocupada, molesta. No puede ser que un tipo tan patán y bestia nos tenga tan jodidos (y disculpen la expresión). Con que motivación las parejas de casados como nosotros deciden tener sus hijos, bajo esta situación??? es triste ver como se esta cayendo a pedazos nuestro país, un país que no es pobre, pero que este presidente está empobreciendo a cada minuto que pasa con sus derroches.
Hoy estoy en uno de esos días grises, en los que no tienes ánimo de nada, donde la flojera no te deja mover pero tu realmente quieres hacerlo. No tengo problemas graves, sólo muchas cosas en la mente y unas ganas de vacaciones urgentes. Odio estos días donde las sonrisas se me apgan sin saber por que....espero que mejore en la tarde.Etiquetas: Reflexiones, Yop
Hola, espero que esten todos bien, yo estaba ausente por estos lados y hoy hago mi reaparición. Como anteriormente mencioné, entré a la universidad y el 24 de septiembre fue mi primer día de clases. Increible totalmente, pues salí maravillada de conocer a mis compañeros de clase. Les digo: Esto es otro mundo!! yo estaba acostumbrada a las risas plásticas de la Facultad de Derecho, donde te puedes vestir como quieres, pero si no te entaconas, simplemente no encajas. En esta carrera es todo relax, la gente toda es sociable y risas nunca faltan, nada de excesos de confianza, ni compinchería, nada de eso, solo vamos a estudiar y eso me encanta!!!Etiquetas: News
1.-El 16% de las mujeres nacen rubias, y 33% de las mujeres son rubias.Etiquetas: Curiosidades
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Navegando por ahi, he conseguido un flash bastante interesante donde se habla del simbolismo de los colores de una forma interactiva y divertida. Este es el link: Color in MotionEtiquetas: Curiosidades
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Estoy super emocionada, por fin voy a estudiar lo que quiero!!! Para quien no lo sabe, yo era estudiante de Derecho de la Universidad de los Andes, pero luego de estudiar una año y medio me di cuenta que no era lo mio y me salí. Ahora me dieron el cupo en esa misma universidad pero por Diseño Gráfico (un cambio algo drástico). Comienzo en Septiembre el semestre y ahora si que voy a estar ocupada.Etiquetas: News
Sharbat Gula fue fotografiada cuando tenía 12 años por el fotógrafo Steve McCurry, en junio de 1984. Fue en el campamento de refugiados Nasir Bagh de Pakistán durante la guerra contra la invasión soviética. Su foto fue publicada en la portada de National Geographic en junio de 1985 y, debido a su expresivo rostro de ojos verdes, la portada se convirtió en una de las más famosas de la revista. Sin embargo, en aquel entonces nadie sabía el nombre de la chica, por lo que era conocida simplemente como la niña afgana. La foto volvió a la portada de la revista en una edición especial en noviembre de 2001.Etiquetas: Curiosidades, Fotografía
La imagen de ese buitre acechando a una niña moribunda en África le persiguió en vida. Con ella atrapó el Pulitzer, pero también la maldición de una pregunta: “¿Qué hiciste para ayudarla?”. A Kevin Carter, cronista gráfico de la Suráfrica del 'apartheid', la presión le empujó al suicidio. Un periodista testigo de aquellos años, rememora su figura.Un hombre blanco perfectamente bien alimentado observa cómo una niña africana se muere de hambre ante la mirada expectante de un buitre. El hombre blanco hace fotos de la escena durante 20 minutos. No es que las primeras no fueran buenas, es que con un poco de colaboración del ave carroñera le salía una de premio, seguro. Niña famélica con nariz en el polvo y buitre al acecho: bien; no todos los días se conseguía una imagen así. Pero lo ideal sería que el buitre se acercara un poco más a la niña y extendiese las alas. El abrazo macabro de la muerte, el buitre Drácula como metáfora de la hambruna africana. ¡Ésa sí que sería una foto! Pero el hombre esperó y esperó, y no pasó nada. El buitre, tieso como si temiera hacer huir a su presa si agitara las alas. Pasados los 20 minutos, el hombre, rendido, se fue.
No debería haberse desesperado. Una de las fotos se publicó en la portada de The New York Times y acabó ganando un premio Pulitzer. Pero incluso así se desesperó. Y mucho. El hombre blanco era un fotógrafo profesional llamado Kevin Carter. A los dos meses de recibir el premio en Nueva York se suicidó. Hay dos preguntas. La primera, ¿por qué se suicidó? La segunda, ¿por qué no ayudó a la niña? La respuesta a la primera es relativamente fácil. La respuesta a la segunda es más interesante. Remontemos.
Kevin Carter nació en Suráfrica en 1960, dos años antes de que Nelson Mandela empezara su condena de 27 años de cárcel. Al llegar a la adolescencia empezó a entender que ser blanco en Suráfrica significaba ser una de las personas más privilegiadas de la Tierra y, al mismo tiempo, cómplice de una atroz injusticia. Cumplidos los 24 años, Carter descubrió que el periodismo era el terreno donde libraría su guerra particular contra el apartheid. Comenzó su carrera en 1984, cuando las poblaciones negras en las periferias de las grandes ciudades como Soweto, que estaba al lado de Johanesburgo se convirtieron en campos de batalla. Jóvenes militantes negros, cuya única fuerza residía en su ventaja numérica, lanzaban piedras a los policías y a los soldados, que respondían con gases lacrimógenos, balas de goma o balas de verdad. Cientos murieron, miles fueron encarcelados. Soweto ardía, y allá, casi permanentemente instalado, estaba Carter, fotógrafo novato de The Johannesburg Star, expiando su culpa. La gran ironía de la historia reciente de Suráfrica es que cuando salió Mandela de la cárcel en 1990, cuando empezó el proceso de paz que condujo cuatro años después a la democracia, se desató una violencia mucho mayor. Durante casi la totalidad de aquellos cuatro años, Soweto y otra media docena de poblaciones negras en los alrededores de Johanesburgo vivieron una anarquía asesina demencial, nutrida por opositores al proyecto democrático, en la que murieron unos 12.000. Allí, una vez más, estaba Carter. Todos los días. Se presentaba temprano por la mañana a los campos de la muerte, como se presentan los oficinistas a sus lugares de trabajo.
Yo también me presentaba allí, pero con menos frecuencia y más tarde. Siempre que llegaba a estos lugares, en pleno tiroteo o minutos después de una masacre, ahí veía a Kevin Carter, sudado, polvoriento, bolso sobre el hombro, cámara en mano. A él y a sus tres amigos fotógrafos, Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y João Silva. Les llamaban a los cuatro “el Bang Bang Club”. Hacían fotos espeluznantes y se exponían a peligros extraordinarios. Yo había llegado a Suráfrica en 1989 tras seis años cubriendo las guerras de Centroamérica. Vi pronto que daba mucho más miedo estar en 1992 en un lugar como Tokoza o Katlehong, a escasos kilómetros de Johanesburgo, que en 1986 en los frentes del oriente de El Salvador o el norte de Nicaragua. Porque en los lugares donde los negros, animados por los blancos, se masacraban podía pasar cualquier cosa en cualquier momento y en cualquier lugar. Con un Kaláshnikov, una lanza, un machete o una pistola. Ahí trabajaba Carter. Ahí se pasaba desde las cinco de la madrugada hasta el mediodía haciendo fotos de gente matando y de gente muriendo. Para poder hacer ese trabajo es necesario blindarse, armarse de una coraza emocional. No se puede responder a lo que uno ve como un ser humano normal. La cámara funciona como una barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión. Carter y sus tres camaradas dormían poco, además, y consumían drogas de todo tipo. Pasaban sus días y sus noches en un acelere mental y en un estado de anestesia emocional casi permanentes. Si se hubiesen detenido un instante a reflexionar sobre lo que hacían, si hubiesen permitido que los sentimientos penetraran la epidermis, habrían sido incapaces de hacer su trabajo. El entorno era alocado, pero el trabajo era importante. Si se hubieran quedado en sus casas o se hubieran expuesto a menos peligro, habría habido más muertos, menos presión política para acabar con la violencia. Ésta era la contribución de Carter a la causa de sus compatriotas negros.
En marzo de 1993 se tomó unas vacaciones de Tokoza y Katlehong y se fue a Sudán. Ahí, apenas aterrizar, es donde vio a la niña y el buitre. Respondió con el frío profesionalismo de siempre. No habría podido elegir otra manera de actuar. Estaba programado, anonadado. El único objetivo era hacer la mejor foto posible, la que tuviera más impacto. Ahí empezaba y terminaba su compromiso. La lógica era muy sencilla: si hacía una foto potente, se beneficiaría a sí mismo, pero también ampliaría la sensibilidad de los seres humanos en lugares lejanos y tranquilos, despertando en ellos aquella compasión -precisamente- que en él estaba necesariamente adormecida. Por eso no hizo nada para ayudar a la niña. Porque si la hubiera ayudado, no habría podido hacer la foto. Porque había llegado al límite de sus posibilidades. El problema era que la gente normal, empezando por su propia familia, no lo entendía. Fuera donde fuera, le hacían la misma pregunta. “Y después, ¿ayudaste a la niña?”. Se convirtió en un agobio, una pesadilla. Los únicos que no le hacían la pregunta, porque para ellos no era necesario hacerla, eran los amigos del Bang Bang Club. En abril de 1994 le llamaron desde Nueva York para decirle que había ganado el Pulitzer. Seis días después, su mejor amigo, Ken Oosterbroek, murió en un tiroteo en Tokoza. Toda la emoción reprimida a lo largo de cuatro años salvajes explotó. Carter se quedó destruido. Lloró como nunca y lamentó amargamente que la bala no hubiera sido para él. El mes siguiente voló a Nueva York, recibió el premio, se emborrachó, incluso más de lo habitual, y volvió a casa. La guerra se había terminado. Mandela era presidente. Suráfrica tuvo su final feliz, pero la vida de Carter dejó de tener mucho sentido. Quizá en parte porque el peligro de la guerra había sido su droga más potente, la que le había creado mayor adicción. Siguió trabajando, pero, perseguido por la muerte de su amigo y -ahora que se había quitado la coraza- la angustia moral retrospectiva de la escena con la niña sudanesa, se hundió en una profunda depresión. No podía trabajar, o si lo intentaba, caía en errores absurdos. Llegaba tarde a entrevistas, perdía rollos de fotos que ya había hecho. Y tenía problemas en casa: deudas, desamor...
El 27 de julio de 1994, exactamente tres meses después de las primeras elecciones democráticas de la historia de su país, Carter se fue a la orilla de un río donde había jugado cuando era niño, antes de que supiera lo que era el apartheid, el sufrimiento, la injusticia. Y ahí, por fin, dentro de su coche, escuchando música mientras inhalaba monóxido de carbono por un tubo de goma, logró la paz, la anestesia final de la muerte.
Fuente: John Carlin, El país
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Ahora que ando hablando de música, me he acordado de lo que siento hacia el reggaeton. Se que con esto me voy a ganar muchos enemigos, pero lo único que quiero es que concienticemos lo que estamos escuchando.Etiquetas: Música, Reflexiones, Yop
Hoy, reflexionando un poco, me pregunto que sería de nuestras vidas si no existiera la música? el silencio rondaría por las calles, la mente sería más cerrada y la imaginación sería totalmente limitada. Y es que a quien no le gusta la música???.Etiquetas: Belleza, Música, Reflexiones
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Existen en el mercado diversos tipos de vino que varían según las necesidades de los consumidores, la ocasión y el platillo al que se acompañará. La diferencia entre los vinos depende principalmente del origen, las variedades de uva, la elaboración y la edad.Etiquetas: Curiosidades
En lo particular no me gusta hablar de política, pero hoy no puedo quedarme callada mientras veo como en mi país se está perdiendo el derecho a la libertad de expresión.Etiquetas: Reflexiones, Yop
El amor de mi vida, por motivo de mi cumple ( que es el 25 de Junio) me ha regalado la cámara digital por la que me derretía. Estoy super contenta porque las fotografías me encantan y aunque todavía no empiezo mi curso de especialización, ya tengo una cámara bastante completa y semi profesional. Me encantó!!! Gracias Amorcito!!!!
Como buena fanática de las Fotos, he encontrado este decálogo para aprender a tomar Fotografías de alta calidad, sacándole el mayor provecho a nuestra cámara. Es bastante completo y nos enseña muchas cosas que desconocemos. Espero que sea de gran utilidad.Etiquetas: Curiosidades, Diversión
Cuando voy a un restaurante, bar o sitio nocturno, al ver la carta muchas veces quedo en el aire al no saber el contenido de algunos tragos que aparecen allí. Por ello he recopilado algunos de los más populares alrededor del mundo:Etiquetas: Curiosidades, Diversión
Estos son los comerciales que no me canso de ver, para mi los ganadores son Ikea y Budweiser en cuanto a comerciales se trata...
Taco Bell
Ipod Shuffle
Cell
Huggies
Travelers
Budweiser
Ikea
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Te suenan conocidas las situaciones???